Un exoficial nazi, conocido como el “contador
de Auschwitz”, será juzgado a partir del martes en Alemania, convirtiéndose
posiblemente en el último miembro de las SS procesado por los crímenes del
nazismo.
Se lo acusa de haber ayudado a enviar a las
cámaras de gas a cerca de 300.000 judíos húngaros, que habían sido deportados
en la primavera de 1944 hacia el campo de concentración y exterminio de
Auschwitz, convertido en el símbolo mundial del Holocausto.
Setenta años después de la liberación del
campo de exterminio, al final de la II Guerra Mundial, este juicio es el último
previsto a un exoficial nazi. Hay en curso una decena de investigaciones
abiertas en Alemania pero es difícil que se concreten dada la edad o la mala
salud de los sospechosos.
Groening, que ingresó en las Waffen SS en 1941
y fue transferido a la administración de Auschwitz en 1942, jura no haber dado
“siquiera una bofetada” a nadie. La acusación no le reprocha de hecho ninguno
acto violento directo pero lo considera un “eslabón” de la maquinaria de
exterminación en el campo.
Se lo acusa de haber contabilizado las divisas
y el dinero robados a los presos y de haberlos enviado a Berlín. También, de
haber participado en la “selección” que se hacía a la entrada del campo entre
los que eran aptos al trabajo y los que iban a morir inmediatamente.
Groening se ha disculpado, en entrevistas a la
prensa, por haber trabajado en Auschwitz pero insiste en que es inocente de los
asesinatos cometidos en el campo.
El caso Demjanjuk
El proceso Groening, que durará al menos hasta
fines de julio y atrae a medios del mundo entero, ilustra la creciente
severidad de la justicia alemana frente a los últimos nazis.
El precedente más destacado se produjo en
2011, con la condena a cinco años por “complicidad” en 27.900 asesinatos de
John Demjanjuk, exguardián del campo de Sobibor. Fue una condena basada en su
mera función en el campo, sin pruebas de actos criminales precisos.
Esta sentencia, pronunciada en Múnich (sur),
reactivó medio centenar de juicios contra guardianes que hasta entonces no habían
sido inquietados por la justicia. El propio Groening, que había sido testigo en
tres procesos, había beneficiado de un sobreseimiento en 1985.
Su tardío encausamiento confirma la ruptura
con la línea imperante en los tribunales alemanes durante décadas. Los jueces
exigían hasta entonces la participación directa en un crimen y solamente
condenaban por “asesinato” a los acusados que había matado personalmente o con
una especial crueldad. Los demás eran juzgados por “complicidad”.
En 1966, el jefe del departamento
administrativo de Auschwitz, que proporcionó el Zyklon B utilizado en las
cámaras de gas, había sido por ejemplo condenado a ocho años de prisión. En
cambio un kapo (vigilante de los prisioneros del campo) que había matado a
golpes a un deportado fue condenado el año siguientes a cadena perpetua.
Si la justicia hubiera sido aplicada con los
criterios actuales “decenas de miles de ciudadanos alemanes” habrían debido
comparecer ante la justicia, calculaba el universitario Cornelius Nestler en el
proceso Demjanjuk.
Sólo 6.656 condenas han sido pronunciadas
desde 1945, basándose en delitos que van desde la falsa denuncia hasta el
asesinato, con un 91% de penas inferiores a cinco años de prisión, según el
historiador Andreas Sander.
Cerca de 1,1 millones de personas, de las
cuales un millón de judíos de Europa, perecieron entre 1940 y 1945 en el campo
de Auschwitz-Birkenau.
El pasado 27 de enero, los dirigentes de todo
el mundo conmemoraron con los últimos 300 sobrevivientes del campo el 70 aniversario
de su liberación por el ejército soviético.
El contador nazi de Auschwitz va a juicio
20/Abr/2015
La República